A pesar de todo tenía que ir, porque las opciones estaban entre acercarse a la tienda de ropa o improvisar una túnica con las cortinas del comedor.
Entra en la tienda con pasos pequeños, de miedo o de vergüenza, el cuerpo en tensión, listo para huir nada más encuentre algo que le abroche. Años de de experiencia la han convertido en una mujer práctica: busca lo que quiere, localiza su talla (si la hay) y se lo prueba sin salir del vestidor. No se entretiene, nunca va acompañada. Su baremo a la hora de comprar ropa poco se fija en presupuestos o en modas, ella lo tiene todo mucho más simple: si la prenda de ropa le entra, se la queda; si no, la deja y levanta el mentón, orgullosa, mientras busca una talla mayor.
Hoy necesita pantalones y en eso está: tiene cuatro modelos distintos colgados a un lado e intenta no mirarlos mientras se desviste a toda prisa. Tampoco se mira a ella misma al espejo, porque por el estrés o algún cruel efecto ópitico, aquí dentro siempre se ve más gorda, más pálida, más carne y menos persona.
Se prueba el primer par, y cuando las perneras le llegan a la altura del muslo cierra los ojos. Ya nota la resistencia de la tela contra la piel sudada. Por un momento espera oír el rasgar de las costuras, pero el pantalón aguanta. De momento.
Ahora la parte difícil. No respira, contrae el abdomen escondiendo la tripa bajo las costillas y abrocha el botón de arriba, luego la cremallera.
Pausa.
Se nota la ropa en tensión, presionándole el vientre, como si de un momento al otro fuera a partirla en dos. No le quedan del todo mal, pero cree que le están cortando la circulación en las piernas.
El segundo par de pantalones no resulta mucho mejor. Son de tiro bajo, y tiro bajo y culo grande nunca hacen una buena combinación. Son descartados en tiempo récord, ella los deja en un rincón del vestidor y no los mira más para ahorrarse disgustos.
Los terceros, pasables. Abrochan sin mucha dificultad, aunque tendrá que ponérselos con un jersey largo, porque hacen bolsa por la parte de delante. Es una característica común en los pantalones para gordas: todavía te hacen parecer más gorda. Tendrán que servir.
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